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Absolucion — Maria Filipova - Hadji PlovdivLit

Maria Filipova - Hadji in PlovdivLit

 

Absolucion  4.88 / 5

- Dame agua! - murmuró la anciana.

Rosita le entregó automáticamente un vaso de agua sin interrumpir sus pensamientos.

- Déjala aquí! –seguía con sus órdenes la anciana. Ni siquiera sabía si ella tenía sed, pero tenía que decir algo de vez en cuando.

Fue una mujercita dócil, pero con problemas de memoria. Rosita llevaba con ella casi dos meses, pero no podía dejar de pensar de Doña Carmen. Con su muerte Rosita parecía haber perdido por segunda vez a su madre. Sentía menos nostalgia por su país que por Mama Carmen. Fue ella que le enseño el español y tantas cosas nuevas. Amaba observarla cuando Doña Carmen pintaba, examinar con ella sus revistas nuevas ... ¿Cómo pudo dejar de vivir una persona así de buena! Rosita no podía acostumbrarse a su nueva dueña. Doña Carmen estaba en todos sus pensamientos ...

- ¡Quiero crema! – murmuró de nuevo la anciana.

- Está caliente todavía. ¡Déjela que se enfríe! - respondió Rosita, tratando de imaginar que Mama Carmen estaba a su lado ...

... ¡Qué bien vivían las dos! Había momentos en que se olvidaban de la edad que tenían. En el principio Doña Carmen fue cerrada y contenida. "¿Cómo voy a vivir con esta señora tan fría?" - pensó entonces Rosita. Y poco a poco se convirtieron en amigas.

- ¡Perdí a mi hijo, pero ahora tengo a una hija! - dijo un día Doña Carmen en lágrimas. Sus palabras fueron un largo suspiro, sostenido durante años. Y Rosita pidió que le llamara a Carmen "mamá".

- ¿Cómo pudo pasar eso? No me había dicho que ha tenido a un hijo, mama Carmen! ¿Pero qué le pasa? ¿Está bien? ¡Vamos a ver cómo tiene la presión sanguínea!

Rosita se sintió avergonzada por sus palabras. Ella sabía que su señora nunca se había casado. Tenía a un hermano y todos sus la críos derramaron después del funeral en búsqueda de algún testamento y para dividir joyería, vasos, encajes...

Pero la mayor sorpresa fue que la señora tuvo a un hijo.

- ¿Dónde está él ahora? ¿Por qué nunca me habló de él?

Rosita se asustó por su salud, estas palabras enseguida le parecieron inadecuadas.

- Eso pasó en mi juventud. Yo estaba muy enamorada de un joven y le di mi virginidad, pensando que él iba a casarse conmigo. Entonces él me dejó. Sí, pero después de un tiempo me di cuenta de que estaba embarazada. Y a la época, ya sabes, eso fue una desgracia y vergüenza. Pero de mis padres no había manera de ocultar. Mi padre me llevó a casa de mi tía, donde nadie me conocía, hasta el momento del parto. Incluso me dijo terminantemente:

- ¡No quiero hijos de puta! ¡La gente ahora ha criado establecimientos para ellos! ¡No te dejo que me avergüences para toda mi vida! Con eso es suficiente.

No podía resistirse a su padre. Yo era como un conejo asustado.

Nació con la puesta del sol, fue un muchacho. Lo vi una sola vez - era suave y esponjoso , parecía una pequeña nube blanca. Y con él se fue hacia abajo mi vida. ¡Ojala él viva con gente buena! A lo mejor nos hemos cruzado en las calles - sólo Dios sabe ...

- ¿Qué cocináis allí, en Albania? ¿Tenéis una crema tal como esa que me has hecho? – se movió la anciana en su silla y dirigió los pensamientos de Rosita a otro lado.

- ¡Le dije que soy de Bulgaria, Señora!¿De qué Albania me está hablando? – se enfadó Rosita.

- ¡Quiero compota!

La anciana se movió aún más en su silla, como para ocultar el malestar del olvido que apenas reconocía.

Risita esta vez la ignoró. Ni siquiera tuvo tiempo para hacerle caso, porque el plato se cayó de sus manos y se destrozó en el fregadero.

- Los que aún están luchando! -dijo con indiferencia la anciana, viajando en su propio mundo.

"Oh, supongo que tengo que ir al cementerio para encender una vela por mi mama Carmen y cambiar mis pensamientos. Varias veces ya se me caen los platos en el fregadero y todos en sábado "- Rosita también estaba hundida en su mundo.

Cambió a la anciana para la noche, la dejó en la cama y permaneció mucho tiempo en la terraza con sus recuerdos. Este era su momento de oro - cuando la anciana dormía. Rosita fue una persona responsable y le cuidaba con devoción a su señora mayor presente, pero Doña Carmen fue algo distinto. Fue muy poco probable de encontrar a alguien como ella.

Pasó una noche blanca. Al amanecer cayó en el sueño. Le despertó un ruido en la cocina. Saltó medio dormida y corrió hacia el lugar donde la anciana solía hurgar y causar problemas.

Cuando se calmó, despierta de todo, Rosita trató de recordar - algo que había soñado...¡ pues sí! ¡Mama Carmen! La auténtica, con su sonrisa de muchacha, como en la imagen de su juventud ...

- La vi! La vi! - regocijó Rosita, tratando de recordar las palabras que ella le había dicho en su sueño:

- ¿Por qué no te los llevas? Se les di a ti y sólo tú sabes qué hacer con ellos! – es lo que le había dicho mama Carmen en su sueño.

No se recordaba nada más.

- ¿De qué me estaba ablando? ¿Quiere que le traiga algo? Lo que me había dado? Donde lo tengo que llevar? ¿Qué tengo que hacer? ... Bueno, son solo sueños! - dijo en voz baja, porque no tenía a nadie para contarle su sueño. Luego se puso a recoger la cocina.

Poco antes del mediodía sonó su teléfono móvil.

- ¡Hola! ¿Puedo hablar con Rosita, ¡por favor!

- Sí, soy yo. ¿Quién llama?

- Soy José, el hermano de Doña Carmen. ¿ Ud. se acuerda de mí?

- ¡Claro que sí! Me acuerdo muy bien de Ud.

Rosita no quería recordar el hocico codicioso de ese hombre, que venía a la casa de Doña Carmen solo para investigar y había traído al entierro a toda su familia para saquear el patrimonio.

- Rosita,¿ podríamos vernos cuando Ud. pueda? Tengo algo importante que decirle.

- Puedo hoy, si quiere. Voy a hacer la compra y puedo dedicarle unos diez minutos, si con eso le vale - dijo Rosita un poco fastidiada.

- Bueno, cuando Ud. esté lista, llámeme para ver dónde vamos a quedar. "¿Qué quiere este tipo?! Qué raro "- se preguntó Rosita.

En la esquina, al comienzo de la calle, donde cada sábado hacían un mercado, José la estaba esperando en su coche con la emoción y la esperanza de que finalmente se libraría de las pesadillas que cada noche le despertaban, le atormentaban y le dejaban destrozado .

…En el mismo funeral de su hermana Carmen él había quitado del cuello de Rosita un collar de oro y de su brazo un brazalete tan grueso como un dedo, dos adornos que Doña Carmen le había regalado a ella. Le acusó que les había robado. Pobre Rosita, casi se volvió loca.

Desde entonces, él vivía con temores y perseguido por visiones .

Rosita llamo a la ventana de su coche:

- Aquí estoy. Dígame lo que tiene que decirme, que tengo prisa.

- Entre en el coche, ¡por favor!, ¡le pido solo cinco minutos!

José abrió la puerta del coche y Rosita se sentó sin cerrar la puerta.

- Mire, Rosita - empezó José - Estoy cansado de visiones y de pesadillas desde el funeral de mi hermana. Anoche soñé con ella de nuevo. Oí claramente a su voz. Ella estaba como viva en frente de mí. Me dijo: "José, que mañana le devuelvas los adornos de oro que le había regalado a Rosita. Se los dí a ella y solo ella sabe qué hacer con ellos. Si no se los vuelves, te estrangulo. "

Ella había venido muchas veces en mi sueño, pero esta vez me dio mucho miedo. Debo de haber cometido un pecado, pero Dios me da la oportunidad de corregir mi error. Por favor, perdóneme por lo que le he hecho! Usted no es una mala persona, ¡es una verdadera señora!

- José, deje de alagarme de momento! Le voy a decir algo sorprendente. Anoche soñé algo parecido. Doña Carmen me preguntó en mi sueño "¿por qué no te los llevas?." En primer lugar me preguntaba de qué se trataba porque se me había olvidado de los adornos. Pero en su sueño y en el mío tiene algo que me hace pensar. Ella nos dice lo mismo: que yo sé qué hacer. ¿Qué quiere decir? ¿Que me los ponga o qué? ...

- ¿Quién sabe? ... Yo solo tengo que devolvérselos. Ud. sabrá qué hacer con ellos. - dijo José con un tono amical que no era nada suyo, parecía que quería deshacerse lo más rápido de la extraña carga. Le entregó a Rosita la bolsa con la cadena de oro y la pulsera y, como si hubiese quitado una piedra grande de su cuello, sintió un alivio enorme.

Rosita las puso en su bolsa y se fue, quedándose perpleja.

Se fue a casa sin abrir el paquete ni al día siguiente, ni pasado dos días. Una semana entera pasó. Y de nuevo... y de nuevo el sábado se le cayó el tazón en el fregadero...

- ¡Una vez más sin irme al cementerio! ¡Qué tonta estoy! - se culpó Rosita susurrando. -Voy a ir a la iglesia. Quizás mi Señor me ayude a saber qué hacer con estos adornos. No serán vanas estas palabras "ella sabe qué hacer con ellas."

Al día siguiente era domingo y Rosita se dirigió a una iglesia cercana. La misa se habría acabado, pero ¿qué más daba, si no entendía lo que cantaban los padres en su catalán?

Había una boda. Rosita puso la mano en el bolso y buscó algo de dinero para encender una vela. Su mano tocó la bolsa con los adornos y sintió que ellos la quemaban. Decidió pedir a algún cura que los santificara. Entonces iba a ver qué hacer.

Encendió una vela y rezó por la salud y el éxito, como solía hacer y luego se quedó a mirar un poco. Había poco invitados, era una boda modesta, muy distinta de las ruidosas bodas de lujo españolas típicas para esta región. Incluso los recién casados llevaban unos trajes modestos, para no decir pobres.

Una señora mayor se persignaba sin parar y no estaba claro si hablaba a sí misma o a Rosita:

- ¡Pobres, los dos! ¡Que Dios les bendiga! No tienen ni un duro. Han crecido sin padres, en un orfanato, mis queridos... Pero como están enamorados – no hay fronteras para un amor como este. ¡Se puede leer en sus caras como se aman!

Rosita sintió los latidos fuertes de su corazón. Sus ojos se llenaron de lágrimas y en su mente revoloteaban siempre las mismas palabras: "Usted sabe a quién los tiene que dar!"

"Sí... ¿por qué no? Quizás esta es la solución "- se sorprendió Rosita por el repentino pensamiento que le vino a la cabeza.

Esperó que acabara la boda, se dirigió a los recién casados, les dio la bienvenida y les susurró simplemente:

- Amaos siempre! Esto es de mi parte. Quiero decir... de parte de Mama Carmen. ¡No os olvidéis de su nombre!

Luego les entregó la bolsa con los adornos de oro, reuniendo las manos de la pareja.

Los jóvenes repitieron obedientemente al unísono:

- Mama Carmen...

No le preguntaron nada. Parecían dos palomas enamoradas, y con sus ojos ardiendo de amor bebían a sorbos su amor santo. Como si supieran todo de todos y no pidieron. Estaban tan tranquilos, como si esperaran este momento. Humildemente dieron las gracias y se besaron...

... Y a través de la cúpula de la iglesia sobresalía un pedazo de cielo, que llevaba una pequeña nube blanca, y al mirarle más de cerca, uno se daría cuenta de que aquella nube llevaba el velo de novia blanco y flotaba en el cielo, sonriendo a todo el mundo.




Translated by Petya Bozhilova

 

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