Absolucion

Превод: Petya Bozhilova

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gente buena! A lo mejor nos hemos cruzado en las calles - sólo Dios sabe ...

- ¿Qué cocináis allí, en Albania? ¿Tenéis una crema tal como esa que me has hecho? – se movió la anciana en su silla y dirigió los pensamientos de Rosita a otro lado.

- ¡Le dije que soy de Bulgaria, Señora!¿De qué Albania me está hablando? – se enfadó Rosita.

- ¡Quiero compota!

La anciana se movió aún más en su silla, como para ocultar el malestar del olvido que apenas reconocía.

Risita esta vez la ignoró. Ni siquiera tuvo tiempo para hacerle caso, porque el plato se cayó de sus manos y se destrozó en el fregadero.

- Los que aún están luchando! -dijo con indiferencia la anciana, viajando en su propio mundo.

"Oh, supongo que tengo que ir al cementerio para encender una vela por mi mama Carmen y cambiar mis pensamientos. Varias veces ya se me caen los platos en el fregadero y todos en sábado "- Rosita también estaba hundida en su mundo.

Cambió a la anciana para la noche, la dejó en la cama y permaneció mucho tiempo en la terraza con sus recuerdos. Este era su momento de oro - cuando la anciana dormía. Rosita fue una persona responsable y le cuidaba con devoción a su señora mayor presente, pero Doña Carmen fue algo distinto. Fue muy poco probable de encontrar a alguien como ella.

Pasó una noche blanca. Al amanecer cayó en el sueño. Le despertó un ruido en la cocina. Saltó medio dormida y corrió hacia el lugar donde la anciana solía hurgar y causar problemas.

Cuando se calmó, despierta de todo, Rosita trató de recordar - algo que había soñado...¡ pues sí! ¡Mama Carmen! La auténtica, con su sonrisa de muchacha, como en la imagen de su juventud ...

- La vi! La vi! - regocijó Rosita, tratando de recordar las palabras que ella le había dicho en su sueño:

- ¿Por qué no te los llevas? Se les di a ti y sólo tú sabes qué hacer con ellos! – es lo que le había dicho mama Carmen en su sueño.

No se recordaba nada más.

- ¿De qué me estaba ablando? ¿Quiere que le traiga algo? Lo que me había dado? Donde lo tengo que llevar? ¿Qué tengo que hacer? ... Bueno, son solo sueños! - dijo en voz baja, porque no tenía a nadie para contarle su sueño. Luego se puso a recoger la cocina.

Poco antes del mediodía sonó su teléfono móvil.

- ¡Hola! ¿Puedo hablar con Rosita, ¡por favor!

- Sí, soy yo. ¿Quién llama?

- Soy José, el hermano de Doña Carmen. ¿ Ud. se acuerda de mí?

- ¡Claro que sí! Me acuerdo muy bien de Ud.

Rosita no quería recordar el hocico codicioso de ese hombre, que venía a la casa de Doña Carmen solo para investigar y había traído al entierro a toda su familia para saquear el patrimonio.

- Rosita,¿ podríamos vernos cuando Ud. pueda? Tengo algo importante que decirle.

- Puedo hoy, si quiere. Voy a hacer la compra y puedo dedicarle unos diez minutos, si con eso le vale - dijo Rosita un poco fastidiada.

- Bueno, cua

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